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07 de agosto del 2017

La invención dicotómica: notas sobre el fuego

Con el fuego, el alimento adquirió nuevas formas de manifestarse.
Redacción por: Maximiliano Sauza

El gran etnólogo Claude Lévi-Strauss, en sus ya legendarias Mitológicas, examinó fortuita y atinadamente que las sociedades humanas estructuran su más básico pensamiento en dicotomías: crudo/cocido, frío/caliente, húmedo/seco, masculino/femenino, diurno/nocturno…

 

Al respecto, no sorprende que a lo largo del tiempo la relación del ser humano con los elementos que lo rodean, genere estas estructuras. Pensemos, por ejemplo, en los lejanos cavernícolas: espantados por los relámpagos que en la noche alumbraban todo el universo y, más tenebroso aún, cuando alguno de esos rayos cruzaba el cielo e incendiaba un árbol al tocar tierra firme, pese a la lluvia y al viento. El magnífico descubrimiento del fuego se volvió la invención por excelencia de nuestra especie, pues una vez descubierto se logró dominarlo. Al dominarlo se domesticó a los dioses que lo representan. Con el dominio del fuego llegaron nuevos mitos, costumbres, armas, utensilios, formas de vivir, de pensar y, claro está, de comer.

 

Con el fuego, el alimento adquirió nuevas formas de manifestarse ante el paladar y la experiencia de existir. Y no sólo eso, el fuego permitió inventar la cerámica (endurecer un lodo amorfo y volverlo una bella vasija), el recipiente por excelencia en la historia de nuestros alimentos; permitió consolidar la guerra, fabricar el vidrio, que no es más que arena quemada; se innovó en todo sentido la vida humana gracias a la magmática esencia del fuego.

 

Hoy en día nuestra relación con este elemento no es menos intensa. Aún abundan las metáforas en nuestro lenguaje que reiteran un profundo vínculo con lo caliente. Solemos adjudicar el fuego a situaciones extremas, a romances desenfrenados, a etapas de nuestra vida diaria, a juegos, a malestares. Con todo lo que representa la invención humana, el fuego es el verdadero alimento de la cultura. El fuego calienta, destruye, incendia, pero también amalgama, une, transforma. No es casualidad que en los mitos el fuego siempre sea el elemento demoníaco pero imprescindible. Y quién sabe, quizás algo bueno tiene el infierno: todo allí está bien cocido.

 

 

 

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