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20 de octubre del 2017

Personalidades Marinas ¿Es usted un people pleaser?

Conózcase a usted mismo y sepa cómo podría complacer al comensal
Redacción por: Leticia Chaurand

Hablemos de ustedes los apreciables frutos de mar, los insectos marinos, los moluscos sin escamas y sin barbas, de piel lozana y brillante, los seres con casa propia, los crustáceos ricos en patas y crujientes si se comen -porque nadie es crujiente, suculento o indigesto, hasta que se lo comen-. Hablemos de ustedes y de su capacidad para complacer, en la mesa.

 

 

Cangrejo.- Busque por favor su propio origen y su respectivo nombre. Su tamaño y color le darán alguna pista: a saber si es azul, si tiene corona, si es de Alaska o del Pacífico. Si usted es de esos que se cuidan la retaguardia, leves, que observan todo con ojos de alfiler y viven entre pies de turistas; haciendo hoyitos de arena sin queja de que el mar los inunde a cada rato, no es probable que se lo coman. No es usted un people pleaser, es un ermitaño medio hippie, acéptese, complacer no es lo suyo.

 

Si se encuentra en cambio entre los primeros, aquí la noticia: es usted delicioso. Le habrá servido para poco su resistente caparazón cuando en la mesa se lo rompan con una pinza especial. Sacarán su carne para comerla directamente o para desmenuzarla y rellenar, con mucha salsa tártara, un delicioso roll.

 

 

Mejillón.- Si se siente usted, heideggerianamente, “arrojado al mundo”, es probable que se haya encontrado a sí mismo, amontonado entre otros de su especie, dentro de un bol de mejillones. Tal vez usted pertenezca a toda una tradición y se encuentre en un restaurante de la Grande Place de Bruselas. En ese caso, aterrizará en cualquier momento sobre un gran plato junto a un grupo de papas fritas en juliana, que tienen la reputación de ser un tanto pesadas -y más por su estrecha relación con la mayonesa de ajo-. Tome sus precauciones.

 

Si usted es hembra, sabrá que su tono naranja es sumamente envidiado. Otros moluscos, descoloridos y grisáceos, dan un aire de ánimo decaido que puede resultar menos apetitoso. Los baños de vino blanco y azafrán le caerán de maravilla y será luego coronada con hojas de perejil. Siéntase afortunada.

 

 

Ostión.- De personalidad fresca y escurridiza, fiesteros de coctel que se codean con Rokefellers y llegan a la mesa en 4×4. Si se ubica usted en esta catego, no olvide nunca su origen. Recuerde que construyó con calcio su propia casa; recuerde el fondo de océano generoso, que le vio nacer bivalvo y lamelibranquio. Si ya luego, rasurado, ahumado, gratinado o muy salsa, es usted sorbido con gran placer, sepa que se ha convertido en un people pleaser de primera. Enhorabuena.

 

 

Camarón.- Si se encuentra usted en los refranes, en los caldos, en algunos trabalenguas y en uno que otro albur, es usted un afamado camarón, sin duda. A las brasas lo van a adorar y también en brocheta. No es usted quien volverá a la vida si le meten al coctel entre ostiones y trozos de pulpo, pero de seguro va a complacer a los más crudos. Usted, que con su afán gremial está siempre entre ustedes, complace a muchos y en muchas formas: al mojo, a la diabla, al coco, roca, empanizado, taqueado, rebozado, gratinado.  Pero escuche bien: usted no es la cucaracha del mar y ciertamente usted no es de pacotilla, ni aunque sea de pacotilla.  No se ruborice por favor si se lo dicen, a menos que sea inevitable por el cocimiento, y si quiere mantener su color azuloso, entre usted sin pena en el aguachile.

 

 

Pulpo.- Es muy probable que, en aras de ser consumido, tenga usted que ser tratado arduamente y con severidad al prepararse. Complacer no es fácil. Como la belleza, la delicia cuesta, y lo hemos oído antes, “quien bien te quiere te hará sufrir”. Lo suyo sin embargo, bien podría contar como tortura: se recomienda sujetarle, haciendo un puño con todas sus extremidades, y golpear su cabeza contra una superficie pétrea, tallar todo su cuerpo con gruesa sal de mar, ponerlo a hervir buen rato con una cabeza de piña y desprender copiosamente su viscosidad. Si no fuera usted tan rígido, tan empecinado, tan chicloso y tan escurridizo… Pero llega otro momento tras el sufrimiento: usted será tendido, en un plato blanco como una sábana blanca, y en cama de mil arroces, complacerá, en lentejas, a las brasas, adobado, frito, con pimentón, entre hierbas, en caldo ¡cuántas formas de complacer! Usted goza de gran auge, habrá valido la pena.

 

 

Langosta.- Ha de saber que es usted muy apreciado. Una vez despojado de su piel y desmembrado, ojalá tenga la suerte de que le recuesten sobre un disco de masa, cubierta con tomates frescos y machacados, para ser protagonista en la célebre pizza de langosta de Holbox. También puede ser usted lanzado, en trozos semi- cocidos, a una pasta muy bien hecha; o complacer de una manera sencilla, remojándose en una tinita de mantequilla y bañándose con aromáticas gotas de limón amarillo, como en un spa de primera.

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