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tuluminati
20 de marzo del 2018

Tuluminatis

Sobre la convergencia del lujo y la espiritualidad pop
Redacción por: Omar Huicochea

Como buen caribeño por adopción, me encuentro acostado en la playa, mirando fijamente el vaivén de la mar. Trabajo en este momento, aunque no lo parezca, en una ardua tarea que me fue encomendada: escribir sobre los Tuluminati. Dos años viviendo en este paraíso dan herramientas para intentar esbozar tan complejo fenómeno. Lo primero que viene a mi mente cuando pienso en el tema, es una frase que escuché recién llegué aquí: “Tulum es el lugar donde los millonarios se hacen hippies y los hippies se hacen millonarios.”

No conozco al autor u autora de tan atinado término, pero aun así me atreveré a definirlo. En cierto modo se refiere a una élite con influencia geográfica y empresarial, pero en chanclas o barefeet, en el Caribe. Están en búsqueda de lo espiritual, de la vida sana, de conciencia ecológica, de prístinas playas y cenotes en la selva donde redimir los mecanismos urbanos. Esto es quizá el origen de lo Tuluminati, que definió su estética e identidad. Sin embargo, como concepto vivo, su mutación es constante.

Los Tuluminati son la tribú caribeña que surge en la fauna antrópica de la Riviera Maya. Su genealogía se extiende a lugares como Ibiza, Los Angeles o Nueva York. Forman parte de congregaciones globales como Summit, Burning Man o Woomoon. Ciudadanos del mundo, comulgan lo mismo con Shiva, Pachamama o Quetzalcoatl. Lograron hacer de Tulum la Capital Mundial del Yoga. Llevaron lo new age con una pizca de sabor Caribe, a las pasarelas.

Algunos de ellos, los que pueden, invierten millones de dólares para construir hoteles eco-chic, boutiques boho, bares cosmopolitas y restaurantes sobresalientes en la escena gastronómica, principalmente crudivegana, que van definiendo el estilo de vida de la franja costera que prelude la reserva de la biosfera de Sian Kaan.

Cuando el invierno se acerca, los Tuluminati se preparan y llegan a las playas de Tulum. Organizan cientos de eventos y pop ups, hacen residencias musicales y artísticas, generan gatherings y retreats, forman parte en ceremonias con el uso de enteógenos de todo el mundo y usanzas chamánicas, celebran la vida a la orilla de Zamá (antiguo nombre de Tulum), agradeciendo al cosmos la existencia.

Cuando se termina el invierno, el encanto casi se disuelve, sólo quedan unos pocos. Así, cada año, hasta el próximo invierno.

Pero no hay motivo para entristecerse. Naturalmente hay formas de hackear el sistema y perpetuar las cosas, o lograr los mismos privilegios sin gastar mucho dinero. Les ofrezco de manera gratuita, las instrucciones para convertirse en un auténtico Tuluminati:

*Asiste a un Yoga teacher training y aprende a nombrar las posturas en sánscrito.
*Coloca en un rincón de tu hogar un altar. No puede faltar el atrapasueños, la copalera y las piedras de coral calcificado.
*Usa la bicicleta como medio de transporte. Si tiene canasta frontal mejor.
*Cambia la carne asada por la dieta crudivegana.
*Asiste a mercados orgánicos locales y compra matcha, semillas de hemp o açaí.
*Trabaja en un proyecto de ampliación de la conciencia y cosecha dólares.
*Consigue unas gafas redondas y un sombrero (que sea negro de preferencia).
*Utiliza túnicas, kurtas o kaftanes. En su defecto usa telas con mandalas y motivos orientales.
*Ten al menos una experiencia psicodélica en la playa.
*Escucha shamanic house y adquiere el gusto por el mezcal.
*Vive por lo menos un año en Tulum, con la convicción de que el mundo puede ser mejor.

Con la satisfacción de cumplir con lo solicitado, dejo a un lado el cuaderno, me ajusto el traje de baño y me dirijo hacía el infinito espejo azul turquesa que posa frente a mis ojos.

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